Jacques-Henri Lartigue nace el 13 de junio de 1894 en Courbevoie (Francia). Tomó su primer fotografía a los siete años, con la cámara de su padre (un aparato de placas tamaño 13 x 18 y su trípode) y con ésta comenzó la creación de un largo testimonio sobre la vida francesa del siglo veinte; aprisionando el encanto de una era ya desaparecida. Su trabajo captura la intimidad de la vida familiar, la sociedad, eventos deportivos, la vida de calle y los inicios de la aviación y el automovilismo, todo con belleza y estilo elegante, guardando un silencio sepulcral sobre los rostros menos amables de una misma vida.Amateur devoto, Lartigue clasifica las varias miles de fotografías que tomaba en grandes álbumes, que sirven como un diario visual y al mismo tiempo son uno de los mayores archivos en la fotografía moderna.
Lartigue, hijo de una de las familias más ricas de Francia, se movió libremente en los círculos artísticos, aristocráticos y políticos. Entre muchos de sus conocidos, fotografió a Sacha Guitry, Yvonne Printemps, Picasso, Jean Cocteau, Francois Truffaut, Fellini y John F. Kennedy, entre otros.
Los fotografió espontáneamente y con vitalidad, revelándose como un modernista inocente y un genio nato de la cámara. Aunque expuso con fotógrafos como Brassai, Henri Cartier Bresson y Man Ray, Lartigue encontró la fama internacional al final de sus sesentas, cuando su primera exhibición individual, seleccionada por el renombrado curador y escritor de fotografía John Szarkowski, tuvo lugar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1963.
La exhibición junto con la publicación de un portfolio de sus fotografías en la revista Life -la misma que tenía a Kennedy en la portada después de su asesinato- colocó a Lartigue en el mapa, y sus mejores imágenes, la mayoría en esta exhibición, son ahora íconos de la fotografía artística del siglo veinte.Si hacemos caso de los comentarios que los críticos han hecho de su trabajo a lo largo de los tiempos, podemos resumir que lo que se valora en su trabajo ha sido la espontaneidad, la sinceridad, el juego, la felicidad, la alegría de vivir, la inocencia de un fotógrafo adolescente que, desde una edad muy temprana, comienza a hacer fotografías.
Jacques-Henri Lartigue refleja en sus fotografías un mundo feliz, en una época llena de convulsiones y cambios sociales: la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana de Francia. También una época llena de cambios en el arte: el surrealismo, el cubismo, etc.
Muchas de sus fotografías, reflejan un mundo apacible, mostrando personas que disfrutan de sus vidas, que se divierten o que juegan constantemente. Este planteamiento es fiel reflejo de una persona que tiene una infancia feliz y que parece que no envejece, siempre tiene una mirada infantil; esta visión es confortable para el espectador de sus imágenes.
El 26 de junio de 1979 Lartigue firma el acta de donación al Estado francés de toda su obra fotográfica, que comprende un centenar de álbumes -incluyendo el álbum familiar desde 1880, hasta el último álbum creado antes de su muerte-, algunas decenas de miles de clichés realizados a partir de 1902, y cada impresión y negativo que produjo, más su diario escrito a mano.
Muere en Niza en el año 1986.
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